lunes 9 de noviembre de 2009

El muro nunca termina

Sobre la caída del Muro hoy se canta en todo el mundo. Acaso haya antiguos residentes detrás del muro que lo extrañen; otros que a Gorbachov lo viven como a un héroe y otros que lo desdeñen como un débil. Habrá una historia que cuente que el fin del muro es la victoria de la libertad y quien cuente que , al contrario, acentuó aún más los cautiverios. Lo cierto es que aquel Muro de Berlín era un adefesio antinatural que terminó naturalmente demolido. Lo más difícil de hacer caer son los muros invisibles: esos que solo el dinero puede atravesar libremente sea de color blanco o negro. El ser humano siempre ha levantado muros. Adán y Eva levantaron el suyo al elegir ser echados del paraíso. Hay muros recientes como el de la frontera de México y los Estados Unidos o como el de Israel y Palestina. O como el de Fuerte Apache, en donde hay dos clases de encierro: el de los que viven adentro y los que viven afuera. Y no es nada original. Porque hay un gran muro que da la vuelta al mundo de construcción incesante y que nos encierra juntos y separados. Levantamos muros domésticos, y muros en countries y barrios cerrados. Levantamos alambradas y rejas que no son exclusivas de las cárceles. Desde niños se aprende a estarse en el corralito. Ya al nacer el ser humano encierra su libertad educándola a no cometer exageraciones. Pink Floyd en The Wall canta: “Profesores dejen solos a los alumnos. ¡Eh! Profesores déjenlos. Si no , no serás más que otro ladrillo en la pared. Si no, no serás más que otro ladrillo en la pared”. Hay una antigua y ya caduca interpretación del muro o de la muralla, como la del recinto protector que evita que en ese mundo encerrado entren influencias nefastas. Tiene la desventaja de limitar el dominio que encierra pero la ventaja de asegurar su defensa. Pero hoy el muro se revela en lo que es: la separación entre fronteras, entre culturas, entre individuos; y entre Dios y sus criaturas. Las religiones están rodeadas de muros y llevan bastante material sólido. Para los simbolistas el muro es la comunicación cortada con su doble incidencia sicológica: seguridad, pero ahogo; defensa, pero también prisión. No sé si a veinte años del fin del muro de Berlín- aparte de esa enseñanza increíble de cómo dos “Alemanias” opuestas pudieron hermanarse- la humanidad ha aprendido. Aquella asignatura pendiente de los románticos, naturalistas y utopistas de un planeta sin fronteras no está en el proyecto de nadie. Cada vez más hacen falta visas, pasaportes, certificados y garantías para irse de un país a otro. Hay inmigrantes que se ahogan por trasladarse furtivamente e inmigrantes que se mueren hacinados en camiones de carga y otros que están condenados a vivir en la clandestinidad y en los márgenes. Pero también uno mismo levanta dentro suyo muros o muritos que nos separan de otros y de entender nuevas ideas y de nosotros con nosotros. Como advierte la canción, “Otro Ladrillo en la pared” , los profesores que nos enseñan no hacen más que reproducir el mundo en el que a ellos les enseñaron a ser profesores. Todos somos reproducciones apenas retocadas de moldes precedentes. Nuestros padres vinieron con muros y cuando somos padres continuamos amurallando hijos. El muralismo-no el de las artes plásticas- es una tendencia frecuente en la civilización actual.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 9 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.

jueves 5 de noviembre de 2009

"El show de la impunidad" por Carrió

Palabras como madriguera, armas escondidas, conspiración del Gobierno contra si mismo, vaciamiento institucional, vaciamiento de los fondos jubilatorios, persecución y venganza contra la directora de Clarín y sus hijos adoptados, stalinismo, fascismo, fascinerosos, etc., corresponden al vocabulario estándar de Elisa Carrió. Es que, ¿La palabra libre es la palabra impune?
Todos decimos cosas de las cuales no tenemos ni pruebas ni asideros. A veces nos arrepentimos a solas, otras las seguimos sosteniendo porque no tenemos a mano la conciencia. Cualquier sobremesa de familiares y amigos es un ejemplo estándar.
Pero públicamente expresarse con libertad exige merecer esa libertad. En ese rango están los líderes políticos y sociales.
¿Cuándo un dicho o un mensaje adquiere el carácter de impune o la condición de irresponsabilidad? Ese es un pacto no escrito entre el emisor y el receptor del mensaje. Si el emisor expresa algo vil e incomprobable y el receptor lo aprueba, se cierra el circuito de credibilidad entre ambos. O se cierra el circuito de vileza. Elisa Carrió es el modelo más cierto de libertad de la palabra. Dice lo que se le canta y cuando se le canta. Es tal su devoción por la libertad que cada vez más se demuestra a si misma que es la que más la disfruta.
Su presencia audiovisual es muy solicitada. En los medios ejercita su impunidad verbal y su creatividad ficcional y profética. Sus entrevistadores (a veces periodistas notorios), especulan con el rating que ella y sus denuestos producen. Aunque ante ella y a modo de respuestas se permiten poner alguna cara de incredulidad o perplejidad. Como si se dijeran "No puedo creer lo que me está diciendo".
No hay ninguno hasta ahora capaz de interceptarla con una pregunta que la saque del columpio donde ella se hamaca a sus anchas mientras los otros la miran. Tampoco entre sus discípulos y aliados ninguno parece expresar la vergüenza ajena que uno supone debería abrumarlos. Hay contagios que contagian. Es como si se resignaran a que están frente a una conducta paranormal y entonces se contienen: tienen miedo de recibir una respuesta más paranormal todavía. Elisa Carrió acaba de enviar a las embajadas extranjeras un libelo en el que denuncia que el poder no lo ejerce la presidenta sino su marido: usurpador sin haber sido elegido. Compara la situación anómala institucional de la argentina con la de Honduras. Y después en el plató y ante los micrófonos dice que esto se derrumba y que estos ladrones se van llevar todo a las islas Caimán. Se desconsuela por la libertad de prensa amenazada, a la par que predice la hecatombe argentina. Pero, por suerte, ella se autocomplace diciendo que está ahí para infundir tranquilidad. Dicho esto guiñando un ojo suficiente desde un rostro anaranjado y exhausto por la adicción cósmica solar. Lo curioso es que los propios funcionarios del gobierno destinatario de las acusaciones abismales, las banalizan diciendo que la dirigente "los tiene acostumbrados" a esos dichos. Tampoco esto es normal. Y el ninguneo, como recurso, a lo mejor la provoca. Lo cierto es que ella siempre tiene público. El show la necesita.
Aunque Carrió no responde al género del espectáculo sino que se presenta como líder con afán de gobernar. Paradoja de quien no puede gobernar su propia pulsión de impunidad.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 5 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.

martes 3 de noviembre de 2009

El relato único de la manada

Para qué tantos medios, tantos periodistas, tantas agencias, si todos vamos a ver el mundo a través de la misma lente, de la misma noticia. Para qué tantas radios, tantos diarios y revistas, tantos canales y señales de televisión, si todos coincidimos en el tema y en el tono del relato. Para qué individuos dedicados a la profesión de informar, dispuestos desde distinta cultura y orígen, desde distinta imaginación y creatividad, si se los termina alineándolos en cadena al circuito de repetición asomados a la misma torre de observación. Participamos de una manada que ante el surtido de la vida y del mundo se restringe a mirarlo y contarlo con el mismo ojo dirigido hacia el mismo escándalo-negocio. Miles de periodistas y millones de personas son cada día atraídos hacia ese objetivo; como si la realidad fuese forzada a empequeñecerse al tamaño de una noticia que nos rejunta como si no hubiera otro interés que ése en la demanda. Así, una orquesta de obedientes y mecanizados instrumentistas y un vasto público consciente o inconscientemente cautivo convergen para no salirse del único movimiento que les señala totalitariamente el pentagrama, o según la ubicación en las gradas. Extraña forma de unificar la diversidad infinita de la vida de manera de narrarla a través de un limitadísimo enfoque. Los medios son como esos estudiantes copiones entre si cuyos exámenes resultan todos iguales. Y si el primero copió mal los demás se amontonan en el error. Lavamos la rica heterogeneidad para encorsetarla en lo homogéneo. ¿Es esto casual o intencionado? La respuesta está cantada. En este momento social la tragedia rinde más que la comedia. Tiene más beneficiarios.
Cuesta asumir que de una sociedad de cuarenta millones de seres con cuarenta millones de comportamientos, de pasiones, de inteligencias e ignorancias se acabe en el resumen totalitario de una noticia policial, o de un determinado escándalo escogido según sondeo del mercado. La sociedad así informada se resigna a que en la Argentina únicamente sucede eso que todos cuentan y que los medios imponen como centralidad. Ya que todo lo demás no sucede aunque suceda: porque se nos amasa para que suceda únicamente eso que se nos cuenta. Y entonces se está cada día a la espera del absolutismo de una noticia que hace que mil voces suenen como una y expresen la obsesiva incapacidad de narrar una realidad por afuera de la manada. El que cuenta y el que es contado son igualmente vulnerables y vulnerados. Somos instigados a copiar la mirada mediática que unifica a su gusto. Si las artes copiaran a los medios todos leeríamos el mismo libro, escucharíamos la misma música, bailaríamos la misma danza y veríamos el mismo cuadro. Por suerte no. El arte todavía se resiste.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 3 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.



lunes 2 de noviembre de 2009

180 pesos, mucho, y nada

La periodista Sandra Russo, expresamente satírica, comparó la asignación por hijo de 180 pesos con el precio de una camisa en una boutique de Alto Palermo. Y estaba significando el significante. Aporto más comparaciones: 180 pesos son la mitad de lo que cuestan unas zapatillas de marca; es el precio de la pelota de fútbol penalty No.5 termosellada, o el de una camiseta de la selección argentina con licencia garantida por la AFA. Con 180 pesos es difícil conseguir una entrada cerca para ver el recital de una banda de moda o para comprar un skate con ruedas de silicona. Tampoco alcanzan , salvo en oferta, para conseguir un disfraz de chica gótica con capa de red o un MP3, 4, y 5 con pantalla táctil. Curiosamente es el precio de un corralito Bebesit no de lujo. Con 180 pesos se pueden comprar solo cuatro libros juveniles de escritores importados famosos y si se quiere festejar el cumpleaños en Mc Donald’s no se puede invitar más que a seis chicos y con menú restringido. Para un adulto bien incluido de clase media, sea urbano o campestre, 180 pesos es el estándar para una comida de dos en un restaurante gourmet; y solo cubren una semana de amarra de un barquito en un embarcadero. Unas botas estilo campo “vip” cuestan el doble o el triple. Algo hicieron mal los adultos para presumir que la modestísima asignación por hijo es un salvataje oportuno. Y hasta compiten por su autoría original como si se tratara del vellocino de oro y algunos objetores se plantean suspicacias de ilusorio perfeccionismo No se afanan los ricos de la misma manera para ofrecerse a pagar más impuestos a la riqueza, los legisladores y funcionarios no se privan de los aumentos de sueldos, los altos puestos gerenciales y los directorios de las empresas no se plantean una reducción de sus beneficios, la educación religiosa y la privada no se preguntan acerca de si se justifican los subsidios que reciben ,y los que ponen cara de compasión cuando en la pantalla “palabrerizan” solemnemente la pobreza no se demuestran a si mismos- estén o no bronceadas- que la tocan con la mano real y no con la de la teoría. Acuérdense cómo tantos berrean cada vez que les aumentan las expensas, como si en el nivel de ingresos de los propietarios de pisos, autos nuevos y cocheras, se tratara de una exacción que los condenara al hambre. No soy original: estoy de acuerdo con la ayuda de emergencia desde el Estado. Es un derecho, es moral, social e ideológica. No tengo “peros”. Hay quienes los tienen. Los “peros” son el recurso histérico del que no encuentra orgasmo colosal que le siente. Bastante “pero” es ser un chico pobre, para ponernos a tratar de refinar el concepto y el estilo cuando las madres necesitadas ya están en la fila de espera degustando lo que creen una fortuna. Los chicos beneficiados no necesitan preguntarse qué significan 180 pesos. Ya lo harán cuando sean grandes y ojalá no se equivoquen. No tendrán nada que agradecer, pero sí saber en dónde no hay que buscar al enemigo. Mientras tanto, para esos apócrifos humanistas sociales que se pavonean por ahí, les convendría anotarse que 180 pesos es lo que cuesta un sauna con masaje en un hotel del centro y un servicio normal en la peluquería de Giordano.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 2 de Noviembre de 2009 en Radio del Plata.