martes 22 de diciembre de 2009

Deseos anuales y anales

(Para el blog)
Se abre un espacio de pausa. Milena a cargo de este espacio lo mantendrá fresco, creo. Libre e incensurado. La habitual carta abierta reaparecerá en dos semanas. No obstante cada tanto podría incluir algún texto alternativo.
Me siguen sorprendiendo el diálogo, las tensiones, el rumoreo del blog; pero más me sorprenden los militantes positivos que los “no positivos”. Estos todavía la “siguen chupando”. Y dos años más los torturan. Dicho esto metafórica y divertidamente. Quizás más adelante los chupadores seamos los que hoy nos divertimos. En Página 12 se publica la última carta abierta del año de los intelectuales. La leí muy temprano. La recomiendo a aquellos entrenados a lecturas políticas complejas. No es fácil pero es honda. Pone la mira en los riesgos de quienes empujan por un retroceso. En otro estilo coloquial, en Página 12 del domingo 20, José Pablo Feimann escribe en el fascículo semanal sobre el peronismo. Esta vez su relato incumbe a José Rucci. En retrato comparado con aquel líder troskista, Agustín Tosco. Para Feimann el que gana es Tosco. Y de paso, sin piedad, enaniza a los petisos (Rucci lo era), además de discutir consigo mismo y con los otros judíos acerca de lo judío. Es un Feimann auténtico. Se toma o se deja. Aclaro que no lo dejé de leer a pesar de que soy petiso y su “antipetisez” es imperdonable. Aunque la argumentación tiene algún fundamento. Todo lo tiene. Hasta Abel Posse tiene sus buenos argumentos fascistas. Y tan previsibles como que no se han renovado desde la época del Tercer Reich y de Mussolini. Lo que prueba que esta ciudad que presume tantas veces de sus luces tiene sus zanjas sombrías. La izquierda de Pino Solanas y Lozano también tiene sus argumentos antigobierno. Son más rabiosos y opositores que todos los argumentos opositores. Cada uno es responsable de sus amores, pero más de sus odios. El odio es dañino desde su origen y al contrario del amor, que alguna vez cesa, el odio continúa y no sana nunca. En tanto los medios hegemónicos narran la realidad ficcional en gran escala. Es tan intensa y brutal la consigna opositora mediática que cuesta creer que cientos o miles de periodistas que responden a esos medios tengan igual posición de oposición que la de sus empleadores y más todavía. Quienes apoyan, defienden o acompañan en general la gestión del gobierno son impelidos a discutir sobre todo lo que dicen esos medios. Y ponerse a discutir sobre aquello que se selecciona con malicia, que se manipula, que omite los contextos o esconde otras noticias y cuestiones para privilegiar las que encuentra más propicias a sus rechazos e intereses, es inútil. No hay que discutir sobre lo que cuentan los medios-es vano- sino sobre lo que los medios no cuentan. Porque así los opositores van a tener que apelar a argumentos propios; agitar sus inteligencias en lugar de repetir como muñecos de ventrílocuos lo que el ventrílocuo mediático les dicta. Y acuérdense el verano encontrará a los muñecos con nuevos ingredientes de desánimo Contentos y cínicos anunciarán a los destinatarios cómo aumentan los pasajes, cómo aumentan los alquileres en las playas, cómo aumentan las sombrillas, cómo aumentan los peajes, cómo harán paro los ómnibus de larga distancia, cómo harán piquetes en la ruta los de Zamora o algún otro lado, cómo harán huelga los bañeros, cómo lloverá como nunca, cómo habrá sequías en el campo, cómo caerá mierda para todos mientras veranean. Bronceados y contentos contarán pálidas y anunciarán alborozados cómo el regreso será lento por el tránsito atascado y habrá riesgo de que no haya nafta ni gas y si hay un accidente sembrarán el terror y el pánico. Lo mejor del año que termina es lo que no se termina: la conciencia de que la Argentina de esta década empezó pigmea y hecha pedazos en 2001, y ya casi en el 2010 crece a estatura normal y no está rota. No hay nadie que no pueda darse cuenta, pero no darse cuenta es un recurso para no darse cuenta. A quienes me aprecian en mi papel de narrador y cuentero, mis mejores deseos anales. Es decir: anuales. A quienes no les importo no cometeré la falsedad de saludarlos. Un saludo demasiado global, diplomático e indiscriminado y que no mide cercanías y afectos, es vacuo.


Orlando Barone. Martes 22 de Diciembre de 2009.

viernes 18 de diciembre de 2009

Gracias año; nos dejaste con la boca abierta

Quedan pocos días para el festejo de año nuevo. Un festejo que 2009 se merece. Demos gracias a los malos augures que desde aquel año nuevo de hace doce meses anunciaron catástrofes que no se cumplieron. Gracias por el vasto desacierto. Por dejar que fracasaran los heraldos del fracaso. Fuera con las malas pitonisas y los malos deseos. Gracias a esos feroces y divulgados economistas, políticos, periodistas, medios, fundaciones, consultoras, oenegés y charlatanes sueltos, por equivocarse en augurar colapsos; gracias por no acertar, gracias por dejar expuestos al ridículo a las profecías y a sus profetas. Gracias buen año por dejarnos entender qué significa y qué no significan los significantes que vienen envueltos con las noticias. Un aire de cambio de época atraviesa el calendario. Un aire que se lleva a antiguos y yertos anacronismos. Gracias a este despabilamiento que nos permite ver desnudos y sin máscaras a tantos intereses largamente disfrazados de desinterés y ética pomposa. Gracias por revelarnos qué diferencias hay entre el credo y el poder cardenalicio; entre el judaísmo y un rabino rabioso; entre la justicia y el linchamiento; entre la promesa política y romperse el trasero; entre rechazar leyes y crearlas; entre la negación y las ilusiones. Entre la burbuja especulativa y el Estado sólido. Entre el rezongo de la inseguridad jurídica y la convicción soberana. Gracias 2009 porque lograste que las realidades felices desplazaran a las fabulaciones amargas; y porque empujaste a la derecha a salirse de la hipocresía. Gracias por sincerar a los opositores. Por enseñarnos la diferencia entre un gaucho de departamento y un gaucho, entre un campesino y un rentista, entre un aspirante al ALCA y uno al Alba ; entre un colonizado que soba al emisario y un descolonizado que lo pulsea; entre un alcahuete y un militante. Y gracias por dejar que la Argentina pudiera transparentarse a pesar de las veladuras que se propusieron enturbiarla. Y que pudiera dejar a la vista a los alborotados alborotando y a los hacedores, haciendo. No es para tirar manteca al techo pero por suerte hay manteca; no es para tirar la casa por la ventana pero hay casa; no es para hacer aspavientos de consumo, pero hay consumo. No es para exagerar que los jubilados son prósperos pero ya no son excluidos. No es para decir que la Argentina es una fiesta, pero se alejó del plano inclinado. No es para decir que esta es la llegada, pero este puede ser el camino. Sí, año 2009, gracias. Nos dejaste con la boca abierta y a los agoreros con la boca cerrada.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 18 de Diciembre de 2009 en Radio del Plata.

miércoles 16 de diciembre de 2009

El “Argentinosaurus” y el bestiario político

Están los dinosaurios de los museos de Ciencias Naturales, los de Steven Spielberg de computadora, los de Susana Giménez todavía estúpidamente vivos, y están los dinosaurios argentinos casi extinguidos pero aún rabiosos. La presidenta dijo que las amenazas que recibió en la radio del helicóptero provienen de “dinosaurios”. Debe de haber reparado en que el lenguaje amenazante que habló de matar a la “yegua” y al “pescado” contiene un estilo zoológico también familiar a los gorilas políticos. Ambas- dinosaurios y gorilas- son especies autóctonas naturales en la derecha. Ese es su hábitat preferencial y fanático. Y no es que un progresista no pueda ser un animal cualquiera de la fauna, al contrario: hasta puede ser un animal mutante según la Ley de Darwin. Pero nunca sería un dinosaurio ni un gorila: que son entusiastamente de derecha. Aunque últimamente en la era K, o la del Matrimonio o - según quiera llamársele- hay animales democráticos que por diferenciarse del peronismo, de tanto irse a la izquierda terminan en la selva por la derecha cohabitando por inercia con dinosaurios y gorilas. Ojalá no se pierdan por llegar lejos. El paleontólogo pionero Florentino Ameghino encontró, en las profundas napas criollas, un gran yacimiento de osamentas bestiales. En el río Limay, en Neuquén, fue hallada una de las más grandes de la prehistoria: de cuarenta metros de largo y 100 toneladas. El “terrible lagarto” es tan argentino que la ciencia planetaria lo designa como Argentinosaurus. No hay que extrañarse entonces del reciente caso de los gruñidos radiales y furtivos. Estos rancios ejemplares de “argentinosaurus” mediante actos reflejos y nostálgicos, juegan el simulacro de usurpar el Estado; ya que lo necesitan otra vez como propiedad y hábitat. Para reducirlo, enajenarlo y desaparecerlo. Por eso no hay que ilusionarse con que el último dinosaurio y el último gorila se vuelvan al museo: puesto que se reactivan cíclicamente porque los grandes medios les proveen su sustento. Y sean herbívoros, carnívoros u omnívoros renuevan sus escamas, sus pelos y sus odios bestiales. Son argentinos, aunque presumen serlo más que toda la fauna. Y mientras acechan y conspiran, tras las parvas de soja y las bobinas de Papel Prensa, se mueren por cantar a cada rato el himno y de paso escandalizarse de la pobreza. Dinosaurios y gorilas nunca faltan en nuestro bestiario político.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 16 de Diciembre de 2009 en Radio del Plata.

martes 15 de diciembre de 2009

A cualquier precio, no

No sé hasta qué nivel cualquiera de nosotros se tiene que esforzar por vivir su vidita cuando ésta es sentenciada al umbral del apagamiento. O cuando ya se está más allá que acá, y cuando sobrevivir con angurria a lo sumo promete un devenir exhausto. Es antiguo el debate acerca de si se justifica que se salve una vida aplicando los recursos humanos y científicos más costosos, mientras tantas vidas se apagan carentes de la más básica asistencia. Hay empeños de socorro que aparecen más privilegiados que otros. No me refiero al afecto extraordinario que puedan mantener con la sociedad ciertos seres excepcionales y que los amerita para recibir mayores empeños. Sino a la duda acerca de si un salvataje se puede permitir avasallar el último rescoldo de la vida, soplándola artificialmente un ratito más, compitiendo con el poder de la naturaleza. Sé que también hay una sensación de injusticia cuando muere un joven en lugar de un viejo. O un valiente en lugar de un cobarde. O un grande en lugar de un insignificante. Y sé que lo que voy a decir excede mi modesta ignorancia, pero cada vez que veo a un paciente en estado grave o moribundo, ubicado por la sociedad en lugar de exclusivismo médico - sea por su poder, su riqueza o sus méritos- , siento que se produce un voluntarismo imprudente en el designio de la vida. Y otra vez la inequidad de la economía pero en la asistencia. Acaso tenga la fantasía de que sería hermoso esperar la muerte con la dignidad de la vida vivida. Todos iguales. No entregarse: esperarla. Como esos elefantes que sintiendo el final se apartan de la manada para morir a solas. Mi deseo – que no sé si seré capaz de cumplir- es desechar toda intromisión exagerada en mi cuerpo que tienda a su forzada supervivencia. Y no estar expuesto a la indefensión para que otros determinen sin mi conciencia. Ninguna costosísima sobredosis de vida justifica la continuidad de un producto físico ya en el tramo de liquidación o de saldo. Entiendo los afanes científicos; también los afanes de un enfermo condenado, y empeñado en que su condena gotee por desesperado aprovechamiento tecnológico. El dilema es dónde está el límite para que esa obstinación no ofenda a la vida. Y donde lo heroico no termine siendo la tortura del héroe. Otra duda son los partes médicos públicos: presumen responder al humanismo pero proveen al mercado. Son la usurpación sin pudor de la decadencia orgánica privada. A ningún organismo, creo, le sienta ser expuesto en la vidriera del extremo deterioro. Lo que quiero decir es que no vale tener tanta gula por la vida cuando ella ya quiere renunciar a dárnosla, y cuando el resultado de la insistencia sería una vida irremediablemente menguada. Si el guerrero debe morir con las botas puestas, parangonando habría que morir con la vida puesta, y no manteniéndola agarrada a camillas, quirófanos, rezos y tribunas. No sé por qué digo esto a esta altura del año. Es que creo que la vida nos merece vivos, pero no a cualquier precio.


Carta abierta leída por Orlando Barone el 15 de Diciembre de 2009 en Radio del Plata.